La memoria es fundamental. Un diálogo con Margaret Randall

- © Fotografía Christina Frain
Margaret Randall es una poeta y un vértice. Alguien en quien convergen dos tradiciones: la de la poesía norteamericana que, por así decirlo, es el espacio de su crianza y desarrollo inicial, y la de la poesía latinoamericana en que se sumerge a partir de su traslado a México, donde es confundadora de una revista esencial: El corno emplumado. El inglés natal y el español amado, un poco como sucede en donde vive actualmente, Alburquerque, ciudad hija de un cruce y marcada por las fronteras. Randall ha vivido en primera persona revoluciones estéticas y sociales, en Nueva York, en México, en Nicaragua y su propia revolución personal. Ha publicado alrededor de 80 libros de poesía y ensayos alrededor de la poesía y de las luchas de los más humildes por la dignidad que tan de cerca vivió. Tuvo, en su día, que luchar por el simple derecho a poder vivir en su tierra natal, y en la actualidad es una aguda observadora de los procesos de cambio que se viven en todo el continente americano. Un honor abrir con ella este cuarto para la conversación en esta Casa Transparente.
Margaret Randall website
El caso Margaret Randall
Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe.
En el Festival Internacional de Poesía de Medellín.
Sobre el caso Ortega.
DIÁLOGO CON MARGARET RANDALL
En su poesía, la atención al lugar, considerado como espacio a la vez físico y meditativo, adquiere una especial relevancia. ¿Qué le ha llevado a explorar esta dimensión en su poesía? ¿Cree que este interés es compartido en la actualidad por otros poetas estadounidenses?
Como señalas, el lugar es muy importante en mi poesía. Quizás porque lo es en mi vida. Es el lugar físico y meditativo, pero también histórico, cultural, y sobre todo tiene que ver con la memoria a todos sus niveles. Es una preocupación que surgió temprano en mi vida, enfocándose mucho más cuando tenía 40, 50, 60 años. Aunque nacida en New York, crecí en este desierto del sudoeste norteamericano y su paisaje me ha marcado profundamente: sus grandes espacios, su luz, sus montanas y cañones. Después están New York de nuevo, Sevilla (España), México, Cuba y Nicaragua; en todos estos lugares viví periodos extensos e intensos. Entonces esos paisajes también me marcaron. Volver a Estados Unidos en 1984 y tener que enfrentar una demanda gubernamental de deportación (por opiniones expresadas en algunos de mis libros) significo una lucha por poder quedarme… eso también, creo, ha sido importante. Cuando uno tiene que luchar por algo, se vuelve aun más necesario.
Pero yo creo que en todo esto la memoria es fundamental. La memoria como algo tangible, que llena un espacio y lo cambia. En mi poesía siempre he trabajado el asunto de la memoria histórica. Después, cuando pude recobrar la memoria del incesto que tanto influyo en mi niñez, la memoria celular apareció como algo que tenia que tomar en cuenta… y empecé a ligar la memoria celular individual con la memoria cultural y psicopolítica de los pueblos. Empecé a hacer conexiones interesantes, y éstas empezaban a poblar mis poemas. Creo, en mi poesía, que la atención al lugar es a la vez la atención a la memoria encarnada físicamente.
En cuanto a si otros poetas estadounidenses comparten este interés por el lugar, creo que si. Estados Unidos en si es un terreno bastante contestado: un espacio lleno de personas de otras partes del mundo y sin embargo con la historia de una política desfavorable hacia ellas. Aquí hay mucha xenofobia, y también un desprecio oficial hacia los de otras partes por la gran falta de educación, desconocimiento de otros idiomas, el racismo, un sentido cultivado de superioridad, y otros males. El trabajo del poeta, entre otras cosas, es hacer ver la verdad de las cosas, señalar lo que es menos visible, menos obvio. Por eso creo que muchos poetas de mi país trabajan el asunto lugar. Claro, cada quien con su propia visión y desde su propia perspectiva. Como ejemplos interesantes hoy en día señalaría a Joy Harjo, Adrienne Rich, Robert Creeley, y Susan Sherman.En su web señala como un referente para su obra la tradición oral, como persona que ha ido construyendo su identidad frente a tantos enemigos y en tantos conflictos ¿cuál es su tradición oral? ¿De qué tradición piensa que surte su poesía y su vida?
Es una pregunta muy interesante. Yo nací en una familia judía asimilada en la ciudad de New York. Pero mis padres, por múltiple razones, padecían de un antisemitismo medio oculto, una especie de desprecio a si mismo. Para mi madre, el acento nuestro–muy de la clase obrera neoyorquina–era un acento judío, y lo tachó de “mal gusto”. Nos exhortó a mí y a mis hermanos hablar un ingles “mas refinado.” Mis hermanos seguían su ejemplo. Yo no. No sabia porque, pero insistí en mantener mi acento. Años después, cuando tenia edad para analizarlo, me di cuenta que era mi intento de luchar en contra del antisemitismo de mi familia. Así es que quizás la raíz de mi propia tradición oral se encuentra allí. Después, muchas otras tradiciones entraban y se mezclaban en mi léxico: desde el español de España, México, Cuba y Nicaragua, hasta los silencios profundos de varias ruinas antiguas. Como poeta, mis tempranas influencias fueron William Carlos Williams, Walt Whitman, Hart Crane, y Cesar Vallejo, entre otros. Fundar y editar El Corno Emplumado en los años sesenta en México también me puso en contacto con poetas de muchos países y muchas tradiciones. Ellos también me influyeron. Y la traducción como arte y práctica empezó a ser importante. Después están las influencies no propiamente lingüísticas sino filosóficas o políticas: como el feminismo, el humanismo, el socialismo. La vida de uno es una mezcla de muchísimas cosas–lugares, hechos, personas, lecturas, ideas, paisajes, amores–y en la medida en que pasan los años esa mezcla se hace más única y propia.
Viviendo hace ya muchos años en Nuevo México, ¿qué ha significado para usted la experiencia de contacto con la cultura de los americanos nativos?
Para mí el contacto con los indios de Nuevo México y sus alrededores ha sido y es muy importante. De niña, cuando llegue con mis padres (tenia diez años), ellos acostumbraban a llevar ropa vieja a los distintos pueblos, cambiándola por joyería de plata y turquesa. Ese trueque era una actividad propia de los blancos que vivían acá. Yo siempre lo sentí extraño y un tanto falta de respeto, pero allí empecé a conocer a algunos de los pueblos y allí comenzó mi amor al arte indígena de acá. Cuando crecí empecé a leer y a conocer y pude entender esa práctica desde otro punto de vista. Luego empecé a tener amigos y amigas indios, entre ellos algunos poetas importantes (Simón Ortiz, Luci Tapahonso, Sherman Alexie, Joy Harjo, Janice Gould, etc.). empecé a ir a sus casas, y a las danzas. Empecé a conocer sus costumbres, sus vidas, su situación política, su arte. Hace unos años tuve el honor de ser la fotografa para un libro sobre tres generaciones de mujeres en una familia Navajo, lo cual significo vivir varios días con ellos–una experiencia importante. Mas recientemente participo en la lucha de la gente de Acoma en contra de las gigantescas estatuas honrando a Don Juan de Oñate, conquistador que tanto daño hizo a los habitantes de Acoma y a los indios de New México en general en los años 1598 y 1599. En un nuevo libro de ensayos míos, tengo uno sobre esta lucha. (El libro no ha salido todavía). En fin… tengo buenos amigos indios de varias de las tribus representados por acá, y valoro sus culturas así como las culturas antiguas que les preceden.
¿Quiénes han sido sus poetas predilectos, sus influencias inmediatas más directas, profundas y evidentes?
Mi primera gran influencia poética fue William Carlos Williams. Tuve la dicha de conocerlo hacia el final de su vida, cuando yo viví en New York y él en Rutherford, New Jersey. Lo que me impacto de la poesía de Williams era su capacidad de ver en la vida cotidiana lo que era a la vez mundano y mágico. En España me interesó mucho la poesía de Miguel Hernández, y por supuesto también a Lorca (sobre todo sus poemas escritos en New York). Cuando me fui para América Latina Vallejo me influyo mucho… y también Huidobro, Ernesto Cardenal, Violeta Parra, Nancy Morejon. Entre los norteamericanos mis favoritos siguen siendo Williams, Adrienne Rich, Robert Creeley, June Jordan, Joy Harjo… y bueno, la lista se alarga. Creo que en todos estos casos lo que más me ha influido, las influencias inmediatas más directas, profundas y evidentes, han sido la capacidad del poeta de hacer sentir una experiencia en vez de describirla, de tomar el lenguaje, cambiarlo, impregnarlo con nuevos sonidos, ritmos, matices, y hacer de él algo nuevo, original, impactante. La poesía, si es buena, desafía una descripción simple. Por eso mismo es buena.
© Fotografía , Barbara Byers
¿Cuál cree que ha sido el papel de la poesía escrita por mujeres en la evolución de la poesía estadounidense de los últimos treinta años?
En los últimos treinta años la mujer ha surgido como un astro dentro de la poesía norteamericana. Indudablemente hubo mujeres antes, muchas y buenas. Pero por muchas razones–entre ellas el surgimiento del feminismo, las nuevas oportunidades para que la mujer se eduque, publique, lee, etc.–se conocen muchas mas ahora. Yo creo, realmente, que los mejores poetas de mi país, hoy en día, son mujeres. Y su poesía ha traído nuevas actitudes, imágenes, voces. El principal papel de esta poesía ha sido el de dar a la poesía norteamericana en general un nuevo vigor, una nueva profundidad, una mirada desde el otro, hasta ahora mas oculto, lado de la experiencia humana.
Usted vivió los procesos revolucionarios latinoamericanos de los años 60, 70 y 80, casi desde el centro mismo de la acción: México, Cuba, Nicaragua… Sin embargo su perspectiva no pudo dejar de ser excéntrica en cuanto estadounidense de origen y mujer en unos movimientos muy marcados por una dirigencia masculina y, con más frecuencia de lo deseado, con un estilo muy “de macho”. ¿Cómo ve ahora, desde Alburquerque la evolución de los movimientos políticos transformadores en Latinoamérica que van accediendo al poder a través de elecciones?
Yo, a estas alturas de mi vida y con todo lo que he vivido, me considero más bien pacifista. Lo cual no quiere decir que rechazo la lucha armada o de otro tipo cuando las demás vías se han visto inútiles. Como señalan, yo viví algunas de las grandes gestas revolucionarias del siglo XX en Latinoamérica, sobre todo la cubana, la nicaragüense, y el movimiento estudiantil mexicano del ’68. Como todos los involucrados, tenía grandes esperanzas para un cambio social real, transformador. Como señalan también muchos de esos movimientos y luchas fueron marcados por una dirigencia masculina y a veces por un estilo machista. De hecho, yo soy de los que pienso que ese estilo, entre otras cosas, era responsable de la derrota en muchos lugares. Tengo un hijo y una hija en el Uruguay, otra hija en México, y muchísimos amigos en varios países del continente. Por lo tanto sigo de cerca los movimientos políticos progresistas que van accediendo al poder a través de elecciones. Varios de ellos me parecen muy interesantes. Mencionaría en particular la Bolivia de Evo Morales, al Paraguay de Lugo, y los resultados de las elecciones recientes en El Salvador. Tenemos el ejemplo de la Venezuela de Chávez, y me gustan algunos aspectos de su gobierno, pero acá nuevamente tenemos el ejemplo de uno que dirige al estilo de caudillo y eso me pone nerviosa. En el mismo Uruguay se están haciendo cosas interesantes. Y el movimiento de López Obrador, que casi ganó las ultimas elecciones en México, parece también interesante… quizás en las próximas elecciones tenga mayores posibilidades. Igualmente interesante, aunque desde otro punto de vista, me parecen los Zapatistas del sur de México.
Los gobiernos progresistas, con programas que benefician a mayor número de personas, con atención a la salud y a la educación, siempre son bienvenidos. Al mismo tiempo, el lenguaje mismo puede ser distorsionado hasta que define lo contrario de lo que dice que es. Esto es el caso actual en Nicaragua, donde Ortega se dice sandinista pero dista mucho de representar los intereses que representaban los verdaderos sandinistas en las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado. Nicaragua hoy en día es más bien un estado fascista… muy triste para su población y para quienes, como yo, participábamos en los sueños hermosos de aquellos años.¿Es posible hablar e identificar una poesía de frontera? ¿Cuál serían sus elementos constitutivos?
Claro que sí hay una poesía de frontera. En especial podría señalar la poesía de la frontera que separa México y Estados Unidos. Es una frontera ficticia, que surge primero de un robo de terreno cuando Estados Unidos se apoderó de ella, y se ha mantenido de la manera menos humana posible. La experiencia, el paisaje, el lenguaje, la cultura y la tragedia de esa frontera quebrada y quebrante ha producido una poesía importante: fuerte y original. Se nutre de lo latino, lo indio, lo gringo, y de todos los intereses encontrados que se operan allí. Creo que la persona que mejor ha escrito sobre esa experiencia y esa poesía ha sido la gran poeta norteamericana Gloria Anzaldua. Pero yo creo que todas las fronteras tienen su poesía, y cuanto mas accidentada o feroz la frontera mas rica la poesía. Pienso en los territorios ocupados de los palestinos, de la frontera entre Irlanda y el Norte de Irlanda, y tantas otras.
En su opinión, ¿existe un contacto más o menos fluido entre la poesía hispanoamericana y la poesía en lengua inglesa? ¿Qué cree que pueden aportarse una a la otra?
Yo creo que sí, que hay un contacto más o menos fluido entre la poesía hispanoamericana y la poesía en lengua inglesa. En mi juventud había poco. No teníamos buenas traducciones, ni de los de allá ni de los de acá. Era una de las faltas que pretendíamos subsanar con El Corno Emplumado. Con el tiempo las traducciones han mejorado, y las experiencias también se han mezclado, puesto que el español es la segunda lengua hablada en EE.UU. y quizás, en un día no tan lejano, será la primera. Como las culturas se han mezclado tanto, la poesía refleja esa realidad. Albuquerque es una ciudad que lleva el nombre de una familia española, y cada año se celebra esta conexión. Así es que no solo tenemos los lazos con los países de habla española que están cerca geográficamente sino con España también. Yo creo, incluso, que las conexiones van mas allá de todo esto, entrando en la esfera de lo imaginario y de la metafísica. Los aportes son muchos y complejos. Para empezar, nada más hay que escuchar los sonidos de un idioma que habitan el otro.
En una entrevista a la revista Agulha dice usted algo muy interesante: “La buena poesía es más compleja que una ideología”, creemos que usted le da un carácter instrumental a la ideología y un carácter esencial a la poesía, al contrario de lo que a veces uno se encuentra por ahí. ¿Es así?
Sigo creyendo que la buena poesía es más compleja que una ideología. Y como muy bien dices, doy un carácter instrumental a la ideología y un carácter esencial a la poesía. En mi juventud pude haber pecado de dogmática, favoreciendo la poesía escrita por poetas que pensaban como yo. Pero ¿qué, entonces, de un Borges y tantos otros? En cuanto a si otros de “por acá” están de acuerdo conmigo, no sé. Algunos sí, otros no. Pero creo que en términos generales la crítica literaria de ahora es más amplia y profunda.
Ha colaborado en diversas actividades promovidas desde la Naropa University ¿Es posible reivindicar, en el siglo XXI, la conexión entre poesía y espiritualidad?
Yo reivindico, cómo no, la conexión entre poesía y espiritualidad. De hecho, me parece que la buena poesía tiene siempre algo de espiritualidad. No hablo de religiosidad. Las religiones ortodoxas me parecen más bien peligrosas. No soy religiosa, pero si espiritual. En mi caso particular mi espiritualidad viene de la naturaleza, y está fuertemente representada en mi poesía. Mis experiencias en Naropa, sin embargo, han tenido mas que ver con la “Jack Kerouac School of Disembodied Poetics” que con el budismo que es parte importante de la institución. Me parece uno de los lugares donde mejor se enseña la poesía, y la literatura en general. Tiene una fuerte tradición desde Allen Ginsberg y los Beat, pero ampliada y profundizada ahora por Anne Waldman.
Por favor, indíquenos 3 poetas imprescindibles del pasado siglo XX. Ya sabemos que 3 es un número muy pequeño, pero esta pregunta tenemos pensado hacérsela a todos las y los poetas que pasen por aquí, y creemos que un número corto evita las respuestas de compromiso.
¡Muy difícil la pregunta! ¡Casi imposible hacer una lista tan corta! Pero bueno, yo diría que César Vallejo, William Carlos Williams, y Adrienne Rich.
