Postpoesía: una lectura despiezada

Daniel Bellón

Antes que nada.
Antes que nada me gustaría dejar clara una cosa: me ha gustado mucho “Postpoesía. Hacia un nuevo paradigma” ( Anagrama, 2009) de Agustín Fernández Mallo, y todas las objeciones que pueden encontrarse a continuación hay que enmarcarlas en el disfrute de un libro que habla sobre poesía de una manera diferente a la habitual. Me parece un libro necesario y muy a tiempo desde su condición de manifiesto, que creo que es la verdadera naturaleza de Postpoesía. Creo haberme encontrarme ante un manifiesto poético más que ante un ensayo, de aquellos que eran usuales en los tiempos de las vanguardias y las postvanguardias, si bien su estilo de tipo descriptivo, como de análisis de una realidad tangible y mensurable (lo cual debería ser objeto de discusión, por otra parte), resulte a primera vista diferente, en ese sentido, del desiderativo o movilizador propio de aquellos viejos textos.

La raya en la arena.

Hice una raya en la arena /por ver el mar donde llega

Copla popular canaria

Postpoesía anuncia la poesía venidera o en viniendo y envía a toda la poesía anterior a la papelera de reciclaje, imagen esta no gratuita. Como manifiesto, Postpoesía marca una raya respecto a la cual, de algún modo, se requiere un posicionamiento, y estas rayas siempre provocan, o deberían provocar, debates sobre la manera de escribir o hacer poesía en nuestro tiempo y lugar, con toda su com pleja y bendita variedad,   debates con más altura y contenido que las tristes polémicas que parecen entretener de cuando en vez el paisaje aparentemente plácido y mortalmente aburrido de la poesía española “de referencia”.

Manifiesto parece.
Más que ensayo alrededor de un determinado fenómeno, manifiesto me parece, dije, y bueno. Postpoesía. Como tal manifiesto, identifica unas maneras poéticas obsoletas y esclerotizantes basadas en una tradición que se autoalimenta, ajena a la dinámica del mundo, a la evolución del conocimiento científico, filosófico, musical y artístico de los últimos 30 o más años,  y propone una nueva poética que ha de romper (o está rompiendo, la cuestión temporal es debatible) ese ambiente de ateneo provinciano y vincular la escritura poética, en cuanto arte, a las líneas de pensamiento más dinámicas que, desde las matemáticas, la física, la filosofía y la tecnología, explican y transforman el mundo en que vivimos, en el que ninguna de estas disciplinas se desarrolla en un compartimento estanco porque, entre otras cosas, comparten el espacio digital que nos envuelve (1). ¿Cómo ha de ser esa poesía, ese lenguaje para este tiempo de la sociedad-red y del cambio tecnológico acelerado? Fernández Mallo nos da unas cuantas pistas, no sé si suficientes o suficientemente esclarecedoras, pero con el valor de quien se atreve a dar pasos en un territorio nuevo.

¿Qué es la poesía ortodoxa / y tú me lo preguntas?
Pero demos un pasito atrás ahora, sólo un momento. En Postpoesía, la llamada por el autor “poesía ortodoxa”, o “de la normalidad”, utilizando los términos de Vicente Luis Mora en su imprescindible “Singularidades” (Bartleby,2006), aparece claramente identificada por gracia de una extensa cita de este último . Cualquiera que se mueva en el mundillo o submundo de la poesía no debe tener problemas para identificar tendencias, obras, autores y editores que encajan sin problema en esa descripción. En alguna parte se ha discutido si traer a colación etiquetas como “poesía de la experiencia” o “de la diferencia” es una debilidad del texto; yo creo que cumplen la función de identificar tendencias sin entrar en grandes profundidades, porque, a fin de cuentas, esto es lo que hay hoy (o había ayer ¿?)…no le dediquemos demasiado tiempo – ya se lo dedican ellos entre sí premiándose y alabándose hasta el extremo de la baba- y vámonos a la propuesta estética que nos ofrece Agustín Fernández Mallo. Se acabó el pasito atrás.

Despiece de  pospoesía
La primera pregunta inevitable es saber a qué llamamos postpoesía y en qué consiste, cual es su diferencia respecto a la ortodoxia. Trataré de puntear aquí, resumidamente, la descripción que, de diferentes maneras, realiza AFM de lo que es o puede caracterizar la postpoesía. En ningún momento en el libro aparece una definición cerrada sobre “qué es” la postpoesía. Parece que ésta se defina por la suma de una serie de características o “elementos postpoéticos” que la diferencia de la ortodoxia. Entiendo que cuando en un poema o en una obra se concentra un buen número de estos “elementos postpoéticos” tendríamos postpoesía. He querido organizar aquellos en dos listas: elementos conceptuales y elementos formales, no sé si es correcto, porque es evidente que algunos de ellos caben en ambas gavetas:

  • Elementos conceptuales de la postpoesía:
  • - Una poesía que habla del presente como un continuo de simultaneidades que nos envuelve, que “no habla más del pasado, ni representa el futuro”, como deja dicho la cita de P.Virilio recogida en la pág. 68. En ese contexto de presente continuo, “se puede ser arcaizante, pero no arcaico, se puede ser puntualmente modernizante pero no moderno”, porque ambos conceptos están superados en el presente (nunca mejor dicho) estadio.
    - Asunción de partida del “mercado-mundo” como espacio absoluto: “la realidad externa al mercado ha sido asesinada”. Se acepta, se usa, se recicla, pero no se cuestiona. Lo que tiene que ver con el siguiente punto.
    - Eliminación de toda ideología política como elemento del discurso artístico. “Digamos ya que ideología y postmodernidad son términos relativamente antitéticos”.
    - Disolución del yo. Juego de perspectivas. “Egocentrismo radiante” frente a egocentrismo autista.
    - Brota en/de los extrarradios, en el espacio de cruce de diferentes formas de conocimiento y de narración de la realidad (poesía / ciencia / publicidad / pop…). En ese espacio de cruce todo es (re)utilizable. Reciclabilidad. Hipertextualidad. Apropiacionismo. Cuestionamiento del papel del autor por ese lado.
    - Y cuestionamiento del papel del autor por este otro: la lectura como re-construcción del texto. Imposibilidad de la lectura única. Crítica de la reproducción oral como fin último del poema.
    - El formato como referencia clave y con él del objeto que lo soporta (el hardware): el soporte como mensaje.

  • - Elementos formales:
  • - “Actitud seriamente frívola, no frívolamente seria”, para invertir los valores jerárquicos dados en un determinado contexto.
    - Cruce de géneros (poesía /narración/ informe/reportaje), procedimientos no versales.
    - Integración de otros ritmos, cadencias no homologables con la clásica castellana, ritmo visual.
    - Objetividad, esto es, partir del objeto y no de la sentimentalidad; respeto al dato y a la exactitud .(2)
    - La oralidad como limitación.
    - Apropiacionismo-sampleado como técnica de composición: Fusión, cruce de referencias, de enlaces.
    - Fragmentarismo: el texto como pieza de lego interdependiente que, conectada por los enlaces adquiere dimensiones no sospechadas, como texto abierto que deja espacio a la reflexión del lector.

    Seguramente me dejo varias de las que enumera el autor arrancando de la cita a una poética de Pablo García Casado y detalladas en el cuadro, recogidos en las págs. 73 y 74 respectivamente, pero he enumerado las que a mi modo de ver, pueden resultar más relevantes en la propuesta de AFM.

    Y lo juntamos todo y…
    A falta de una definición más “compacta” u orgánica de postpoesía, asumimos que ésta se encuentra donde las mencionadas características son detectadas. Sería poesía postpoética la que de algún modo partiese o se desarrollase desde los elementos conceptuales indicados y se articulase usando todos o parte de los elementos formales. Si no es así, pido disculpas, pero entiendo que se coge un poema, llamémoslo X, y si se observan en él en cierta cantidad esos elementos cabría decir que estamos ante un poema postpoético ¿o no?

    Y volvemos al momento de las opciones.

    A partir de aquí tenemos que volver a plantearnos la naturaleza de Postpoesía como obra. Decíamos antes que tenemos dos opciones:
    a) Es un manifiesto
    b) Es un ensayo sobre un fenómeno artístico vigente y en crecimiento.

    a) Es un manifiesto.

    Si es un manifiesto, el autor está delimitando unas líneas por las que debe discurrir una poética rompedora con la escritura anterior, y tras hacerlo queda decir, como el Chapulín Colorado, “Síganme los buenos”. De este manifiesto debería surgir, o agrupar, por tanto, un movimiento postpoético, consciente de serlo y dedicado a escribir poemas y poemarios postpoéticos en los diferentes soportes que hoy existen. Frente a la tradicional actitud de todo poeta español que se precie (esto es, que se ponga precio) ya saben:”Agh, lejos de mí las etiquetas. La poesía es, oh, inefable. Las escuelas, tendencias, modas, etc. se las lleva el viento del tiempo y queda, ah, la eterna esencia, la “Poesía con mayúsculas”…” yo creo que los ismos, los manifiestos, las tendencias, etc… son algo consustancial a todo arte vivo, y que las polémicas que surgen cuando brotan debería ayudar a depurar el pensamiento alrededor de la poesía, siempre que consigamos evitar los debates nominalistas, las listas de elegidos y condenados, las excomuniones. Así que bienvenida la tendencia postpoética. A ver si anima el cotarro.

    b) Es un ensayo sobre un fenómeno vigente y en crecimiento.

    Si se trata de esto debería encontrarse la deriva postpoética en las nuevas escrituras, o en las escrituras de estos tiempos de modo transversal, y a mí, tras repasar las listas de elementos postpoéticos (sobre la que volveré después) resulta que se me vienen a la cabeza tres nombres a los que uno no se imagina parapetados tras un brillante Apple Ibook y en pose cool: Enrique Falcón, Jorge Riechmann y un señor tan mayor (y tan nicaragüense pero algo que las redes permiten diluir son -o deberían ser- las fronteras nacionales), como Ernesto Cardenal.

    Enrique Falcón acaba e publicar la versión definitiva de “La marcha de 150.000.000”(3) . Una obra escrita a lo largo de los últimos quince años, para decir a (o desde el decir de) muchas voces, que entran y salen del extenso poema, arrinconando al yo del poeta. Un poemario que obliga a estructurar la página en que se desenvuelve de una manera atípica, en casi dos columnas (o con un ancho margen si se prefiere): en una circula el poema, cruzado de referencias y apropiaciones y en la otra todo un flujo de citas que son, como el propio autor indica en la primera de ellas: “una invasión de múltiples presencias”. Un poema con expresa vocación hipertextual.

    En 2005, Jorge Riechmann publicó “Ahí te quiero ver” (4). Un intenso poemario de estructura fragmentaria en el que el poeta trata de integrar la cultura científico-matemática con el poema, como un nuevo “espacio del todo” que nos permita aprehender la realidad. Riechmann, además de poeta y filósofo, también es matemático. Se trata de un libro en el cruce entre los extrarradios de ambas formas de entender la realidad, siguiendo la terminología de Agustín Fernández Mallo.

    Y un buen puñado de años antes, Don Ernesto Cardenal (uno de los más relevantes vertedores de Pound al español) dejó escrito su “Cántico Cósmico”, con poemas dedicados al Big Bang, por ejemplo, y hace unos poquitos menos sus “Poemas del Pluriverso”, donde se cruzan en su escritura poética la astrofísica, la paleontología, la política, la intimidad…

    En los tres textos elegidos hay disolución de la voz del poeta, o la voz no gira alrededor del ego-tismo; en los tres puede verse un modo de escritura fragmentaria, apropiación de voces y textos ajenos, interlocución y cruce con otras áreas del conocimiento humano como la cosmología o las ciencias sociales, procedimientos no versales o ajenos a la tradición del verso castellano, objetividad en el sentido de partir del objeto o del hecho:  “«NO SE ARGUMENTA (se narra)», dice Falcón en su “Marcha…” que también se abre con una cita de Mayakovski: “150.000.000 es el autor de este poema” ¿Cabe más disolución del yo? Se tratan los tres de libros con varias maneras de ser leídos y con una bien complicada “recitación” si se quiere decir así.

    ¿Son éstos poemas /poetas postpoéticos? Técnicamente utilizan varios (o muchos) de los elementos postpoéticos así considerados por Fernández Mallo, pero sospecho que éste no tendría previsto incluirlos en una alineación de postpoetas. Si no lo son ¿porqué no lo son? Tal vez les falten ciertas características de listado que igual resultan ser esenciales, y sobre las que me extenderé un poquito más adelante, a saber:

    - No son frívolos, ni seria ni alegremente.
    - No han expulsado a la política de su escritura
    - No se les ve muy por asumir el mercado-mundo como hecho incuestionable.
    - No llevan el corte de pelo adecuado.
    - Ante un hermoso ordenador portátil o un teléfono móvil de pantalla táctil, no podrían evitar plantearse las famosas preguntas bretchtianas.

    Las famosas preguntas bretchianas
    ¿Tienes una idea de cuales son las condiciones laborales en las fábricas chinas de Apple: horarios, salarios, derechos, esos detallitos tontos? ¿Cuanta sangre centroafricana compacta el coltán tras la brillante pantalla táctil de ese móvil? ¿Es posible sindicarse en la maquiladora mexicana que produce esas no tan caras pantallas de plasma para ver la tele en HD? Ya se sabe, las siempre desagradables preguntas que hace el o la aguafiestas de turno justo cuando no toca.

    Y estas preguntas me llevan a detenerme en algunos de los mencionados “elementos postpoéticos” antes enumerados sobre los que creo que merece la pena hablar aunque sea un poco. Entendemos que estamos en este momento usando Postpoesía en su “modo ensayo”, porque en su “Modo manifiesto” cada cual es libre de marcar las líneas ético-estéticas que más le apetezcan siempre que no las disfrace de inevitabilidad.

    Sobre lo frívolo y lo solemne.
    Ah, los 80, ah, la Movida madrileña… Fernández Mallo la rescata y la reivindica. Me tocó toda aquella ebullición creativa justo en la edad adecuada y tengo un recuerdo bien intenso de aquellos años. Y sí, hubo mucha frivolidad. En un momento dado esa frivolidad podía ser necesaria para arrumbar el franquismo cultural a derecha e izquierda, pero no justifica en sí misma un material artístico (un poema, una canción un cuadro…) del mismo modo que la solemnidad tampoco lo hace. Es cierto que nada hay más ridículo que decir cosas sin importancia de modo solemne (esa solemnidad boba que se huele en las declaraciones de algunos de nuestros “poetas laureados”), que casi siempre es mejor lo opuesto: decir cosas importantes como quitándoles trascendencia logrando así justo lo contrario, pero también se pueden decir/hacer frivolidades frívolamente, y en ese caso se trata de un chispazo más o menos llamativo y enseguida olvidado, y eso fue justo lo que pasó con la mayoría de la producción musical y artística de aquellos años, con las excepciones de quienes decidieron no ponerse solemnes, pero sí dejarse de chistes y tomarse en serio el trabajo. La diferencia, por ponerlo en claro, entre las trayectorias (más o menos discutibles) de Radio Futura, Corcovado o Loquillo… y Objetivo Birmania, por citar una de esas frivolidades que como vino se fue. La frivolidad es una actitud, pero las actitudes deben dotarse de contenido para no ser mera pose.

    Sobre el mercado-mundo y la política
    Asumamos, dice Fernández Mallo, el mercado-mundo y disfrutémoslo, reciclémoslo, lo que usted quiera, pero sin cuestionarlo porque su presencia todo lo abarca. Esta declaración, por supuesto, no es ideología sino constatación, verificación de la realidad. Uf… no me parece muy postmoderno ni afterpostmoderno, la verdad. No creo que sea coherente decir que los grandes relatos uniformadores han muerto y después declarar que sólo hay un mundo: el mercado-mundo y que, a la Guillén, “está bien hecho” o si no está bien hecho, “es lo que hay”. Por muchas vueltas que le doy, no puedo evitar considerar esa opinión como extremadamente política e ideológica: ya no hay conflicto, el mercado-mundo lo abarca todo. “Viva el mal, viva el capital”. La otra cuestión es que es muy posible que vivamos en el mundo posterior a la caída de los “grandes relatos” (aunque esto es tremendamente debatible, ojo, no tengo claro que el nacionalismo o el fundamentalismo religioso, tan pujantes ambos, se traten de “pequeños relatos”), pero las inevitables preguntas bretchianas de hace un momento siguen esperando respuesta, y los muertos cotidianos en las cunetas del sistema siguen preguntando por quien les nombre. Si en el contexto socioeconómico actual en el mundo la política no está en el poema tengo la sospecha de que es porque ha sido expulsada, una medida claramente política, me parece a mí. Cada uno opta, y –hasta cierto punto, claro- es muy libre de hacerlo, pero no me venda su opción como una inevitabilidad histórica.

    Pero entremos en matices: es posible que AFM tenga razón al considerar que la ideología, como pensamiento orgánico y abarcador que reduce la compleja realidad y todo lo explica y justifica (incluso los crímenes más abyectos) haya salido del discurso artístico. Cuesta imaginarse a un poeta actual cantando loas a Chávez, al modo que Neruda, por ejemplo, cantó a Stalin… porque Stalin existió, y El Gran Salto Adelante existió, y Daniel Ortega y su señora existen, joder…Esto lo explica Jorge Riechmann en este, no sé si post poema(5):

    Como había poderes
    tuvimos que crear contrapoderes

    Cuando los contrapoderes reprodujeron
    alguno de los peores rasgos de los poderes
    comenzamos a introducir mecanismos
    de contracontrapoder

    Eso no evitó que apareciesen
    nuevos abusos otras corruptelas
    que hicieron necesarios
    nuevos controles otras correcciones:
    con eso ya nos internábamos
    en estrategias de contracontracontrapoder

    Siguieron varias trabajosas rondas más

    Nos hemos vuelto menos confiados
    Miramos más hacia dentro que hacia fuera

    Eso no quiere decir que descuidemos
    las instituciones y las reglas que limitan
    el mal uso del poder

    sólo significa que sabemos
    que la Bestia
    no vive extramuros o en casa del vecino:

    también duerme en nuestros sueños nuestras luchas
    y nuestros corazones

    pero la política, como expresión del conflicto existente en cualquier sociedad, no sólo no ha dejado de estar en el discurso artístico, sino que tiene una presencia bullente a poco que se sondee. Vámonos, por ejemplo, al cómic, arte pop y afterpop por excelencia, quizás uno de los más influyentes sobre las otras artes: ¿No hay política en Watchmen de Moore, en la serie “Civil War” de la Marvel, en el Persépolis de Satrapi… o en el muy reciente Vals con Bashir?

    Las supuestas limitaciones de la oralidad.
    Una de las cuestiones que más me ha llamado la atención de la argumentación de Fernández Mallo es su crítica de la oralidad, que en su declamación o teatralización del texto impone “una merma en un número casi infinito” de “los recursos con que cuenta un autor para expresarse.” Bien, yo creo que, precisamente la oralidad es una de las características en expansión de la poesía en el mundo de las redes. Por varias razones: una, porque hay instrumental tecnológico que permite que la palabra hablada circule por las redes con toda facilidad: los archivos mp3, los videos online, por mencionar sólo los que conoce y usa todo el mundo; dos, porque alrededor de esas herramientas se están articulando formas nuevas de presentar la poesía y la música(6) ; y tres, porque en un entorno de experiencias cada vez más digitales e infinitamente reproducibles, la experiencia única que brota del momento concreto de una lectura en público adquiere un nuevo valor, el de lo irrepetible y no virtual –es lo escaso, lo que cuesta, lo que adquiera valor siempre-, por eso están empezando a desarrollarse circuitos de encuentros, lecturas, performances, etc, poéticas en espacios insospechados como bares o pubs en muchas ciudades, y hay autores jóvenes experimentando con la interacción alrededor de la oralidad de maneras muy interesantes. Un par de ejemplos hispanos: el colectivo La Palabra Itinerante, David Pielfort, Accidents polipoetics

    Pero además es que, así como nadie lee un poema igual que otra persona, lo mismo cabe decir de la escucha. Cierto que el lector/recitador/representador del poema ofrece una lectura de las múltiples posibles… pero esa lectura es escuchada también de manera muy diversa. La diversidad, y esa es la verdadera lección postmoderna, es irreductible.

    El soporte como mensaje
    Dice Agustín Fernández Mallo que uno de los ejemplos del cosmos postpoético mercadocéntrico que hay que asumir (“ha de asumirse de entrada, dado que fuera de él nada existe”) es el de la fascinación por el objeto, por el continente más que por el contenido ”es más maravilloso el iphone que el contenido que alberga ese iphone”. Sí, uno de los fenómenos más propios de la postmodernidad es el poderío del branding, el que haya hooligans de marcas (Apple es, quizás, el ejemplo más logrado de marca que ha generado un tejido de fans fervientes, por cierto). Y es cierto que la publicidad es uno de los espacios claves para la aplicación de descubrimientos artísticos desde la época de los carteles modernistas de Mucha, por lo menos… pero cuando hablamos de ordenadores, teléfonos móviles, etc… no puede olvidarse que se trata de objetos que se relacionan con nosotros a través de lenguajes. El software es el lenguaje con el que nos entendemos con esas máquinas (hardware), y hay más de uno y de dos lenguajes posibles para esa relación, y aquí también hay opciones (y política, por tanto, vaya por Dios, no hay espacio para la inocencia ni en la tecnología…). Esto es: uno puede elegir entre lenguajes propietarios y lenguajes libres (software libre) desarrollados por gente que, sin querer abolir el mercado, pensaron que no todo podía ser regulado por sus leyes, que hay más que mercado en la diversidad del mundo si se quiere evitar de verdad el monopolio. Gente, por cierto, que no venía del entorno del rojerío gafapastista empapado en densos libros en francés,tantas veces parodiado, sino del de la ingeniería informática y la cultura libertarian y peluda norteamiercana. Efectivamente, el soporte es hoy mensaje, pero no un mensaje inocente o inevitablemente único. En su elección, su decantación.

    Sobre metáforas: redes, rizomas, diagnóstico por imagen…

    En la parte final del libro (secciones 5 a 9 más la addenda) Agustín Fernández Mallo ensaya diferentes metáforas tecnocientíficas para dejar más claro su idea de lo que es la postpoesía. Desde mi punto de vista algunas de esas metáforas son fallidas o se construyen sobre bases algo endebles. Pasa con la metáfora del diagnóstico por imagen: No creo que se corresponda con cómo percibimos la realidad los seres humanos de este tiempo, y, entre ellos, los que escriben poesía. No me parece que las nuevas tecnologías hayan vuelto el mundo transparente y aceptable; han mostrado su diversidad (la postmodernidad es Internet, dejó dicho hace tiempo Juan Urrutia) pero no nos lo han hecho más abarcable o cognoscible. A diferencia de la información que se recibe de un scanner o de un TAC, lo que recibimos  a través de los diferentes canales no está ordenado ni fácilmente clasificado ni significa lo mismo desde cualquier punto de vista. No hay un doctor emitiendo un diagnóstico. Y aún dicho esto, como cualquier seguidor de las andanzas del Dr. House sabe a estas alturas, una manchita oscura en un TAC puede ser varias cosas (en general todas malas, eso sí). El médico, finalmente, lee, interpreta la imagen, no lo olvidemos.

    Se detiene Agustín en una larga explicación de cómo es la red postpoética en comparación con la red “de la poesía ortodoxa”: abundante terminología habitual en los textos sobre análisis de redes, gráficos explicativos… pero el problema es que no se aplican a algo concreto. Me explico: estoy acostumbrado a leer análisis de redes sociales aplicados a situaciones concretas ( el terrorismo, la violencia en territorios concretoslas revoluciones de colores del Este de Europa, o a cómo se articula la blogosfera hispana, como se estructura un servicio online, o a cómo se organiza tal o cual empresa o un determinado colectivo). Porque no todas las redes de estos tiempos son iguales…y ya se sabe:  bajo toda arquitectura de información se esconde una estructura de poder.(7) Fernández Mallo ha querido huir del nominalismo, de dar alineaciones, de contar quienes y dónde están escribiendo/produciendo postpoesía… y sin saber quienes o qué compone una red es imposible saber cómo funciona, cómo funcionará, y si existe realmente como red, de modo que todo queda como neblinoso, o planteado como una cuestión de confianza: la red postpoética es una red y funciona o funcionará así, créame.

    Y no creo que las relaciones enredadas entre poetas y acciones poéticas (edición, emisión, etc) no sea algo que no pueda seguirse y medirse hasta cierto punto: sugiero un par de ejercicios para alguien con paciencia y un programa que permita expresar en grafos un tejido de vínculos, uno: el metablog Las afinidades electivas recoge los perfiles y poéticas de cerca de dos centenares de poetas españoles en su mayor parte que, además, son invitados a mencionar a otros que les son cercanos por algún motivo. De esas listas cruzadas podría surgir un mapa bastante cercano a la realidad sobre cómo se articulan, se enredan los poetas españoles de este tiempo. Segundo ejercicio: los blogs que mantienen muchos poetas españoles tienen su inevitable blogroll apuntando a sus afines y referencias. Otras líneas que podrían ayudar a componer el mapa de una red (o varias, o un mar de redes o de flores) existente/s en la poesía hispana. En la Enredadera de poetas bloggers puede el interesado encontrar cerca de cien blogs de poetas, editores, espacios dedicados a la poesía, etc, para trastear.

    La falta de concreción antes mencionada hace que la glosa al famoso texto de Deleuze & Guattari me deje frío. Los comentarios del autor podrían aplicarse a una red de poetas o de postpoetas o a cualesquiera otros entramados. A este respecto me resulta mucho más interesante la referencia recogida en la Addenda del libro al concepto de radicante, tan cercano al de enredadera que lleva usando el ciberpunk hispano desde hace años(8) . No es lo mismo una enredadera, que echa raíces para construirse, remueve  la tierra, por tanto, e interviene así en su realidad circundante interactuando, construyendo-destruyendo, que un rizoma flotante y, por tanto, sin referencias,ni relación dinámica con lo que le rodea con la que identifica Fernández Mallo la postpoesía: “errancia, pragmatismo estético”, una poesía que opta, por así decirlo por vivir en el no-lugar, en el aséptico territorio de los aeropuertos o los amplios pasillos de los centros comerciales.

    El poema como atractor: una autocita

    Es lo que tiene la disolución del yo: venga a darle para que se disuelva y cuando piensas que ya, sale a flote un cacho. La autocita:

    “El poema es, de por sí, de algún modo, un objeto de alta tecnología, él solito en el aire o en el papel: es pequeño, lo que es una característica típica de las nuevas tecnologías, es ‘nano’. Es código abierto: en cierto modo, al escribir poesía, se ‘hackean’ las palabras, se les das la vuelta para que digan más de lo previsto, o les das un uso alternativo, les haces decir cosas diferentes quitando aquí y poniendo allá. Y, muy importante: todo poema verdadero es hipertexto puro, cada palabra nos conduce a una red de enlaces, de sugerencias que están por debajo de la palabra escrita o dicha, donde el lector o escuchador puede indagar, dar vueltas, volver al poema varias veces siguiendo vínculos insospechados” (9).

    Y esto cabe decirse de un fragmento de Safo, de un soneto de Quevedo a un poema de Carver…y de toda poesía que aspire a ser más que una lista de palabras unidireccional y monosémica.

    Terminando

    Postpoesía es una de las lecturas más estimulantes que puedan leer hoy en día sobre poesía y más aún sobre la relación entre la poesía y el mundo actual, pero le puede su alma de manifiesto a su aparente condición de ensayo. Dicho esto, léanlo, piénsenlo, discutámoslo… Hacer eso hoy con un libro sobre poesía es ya un regalo que Agustín Fernández Mallo nos ofrece. No lo desaprovechemos.

    NOTAS:

    1.- De estas cosas, entre otras, habla también mi libro Islas en la Red. Anotaciones sobre poesía en el mundo digital (Ed. IDEA, Col. Ínsula de ensayo, 2008)

    2.- Se me ocurre que aquí se escucha al viejo William Carlos Williams diciendo que “no hay poesía sino en las cosas”, y la sugerencia de Pound a un poeta principiante, en su famoso “Unos cuantos no” (otro manifiesto que no se quiere tal): “Considera el estilo del científico antes que el estilo del agente de anuncios sobre un nuevo jabón”, aunque bien mirado no sé si Fernández Mallo estaría de acuerdo con esto.

    3.- La Marcha de 150.000.000,Enrique Falcón Ed. Eclipsados, 2009. Y en la web en http://marchade150000000.blogsome.com/

    4.- Ahí te quiero ver, Jorge Riechmann, Ed. Icaria.

    5.- Este poema pertenece a la obra “Poesía desabrigada”, J. Riechmann, Ed. IDEA, 2006.

    6.- Me remito en este asunto al capítulo Rap, Regaettones, podcast y oralidad en Islas en la Red, anotaciones sobre poesía en el mundo digital, antes mencionado.

    7.- Documento Identidad Ciberpunk: La hora de la blogsfera.

    8.- Como una enredadera, no como un árbol. Colectivo ciberpunk hispano.

    9.- Islas en la Red, anotaciones sobre poesía en el mundo digital,pg. 119.