Tres poemas de Huerto de incendio, de Al Berto

VESTIGIOS

en otros tiempos
cuando creíamos en la existencia de la luz
nos fue posible escribir poemas
mientras nos envenenábamos boca a boca con el vidrio molido
de las salivas prohibidas – en otros tiempos
los días fluían como el agua y limpiaban
el moho de las máscaras impuras

hoy
ninguna palabra puede ser escrita
ninguna sílaba permanece en la secura de las piedras
o se extiende sobre el cuerpo tendido
en un cuarto de cardenillo y alcohol – se pasa la noche

donde se puede – en un vocabulario reducido
y obsesivo – hasta que el relámpago fulmine la lengua
y nada más se llegue a oír

pese a todo
repetimos cada gesto y bebemos
la serenidad de la savia – transitamos la fiebre
de los cedros – hasta que alcanzamos el místico
arbusto estelar
y
el misterio de la luz nos golpea los ojos
en una euforia torrencial

fotoalberto

Imagen de contraportada de Huerto de Incendio

INCENDIO

si consigues entrar en casa y
alguien esperase ardiente sobre tu cama
y la sombra de una ciudad surgiera en la cera del suelo
y del techo cayera una lluvia brillante
continua y molesta – no te asustes

son tus antepasados que por un momento
se levantan de la inercia de los siglos y vienen
a visitarte

diles que vives junto al mar donde
zarpan navíos cargados con los miedos
del fin del mundo – diles que se consumió
la morada de una vida entera y ruégales
que musiten una última canción para los ojos
y duerme sin lágrimas –con ellos a tus pies

FIEBRE

sopla un viento sobre el pecho del marino – viento
gris capaz de apagar los gestos que restan y
limpiar los pasos inciertos en las calles del puerto

viento
un viento que te sacude las velas los tendones
hace vibrar los músculos y los mástiles – como árbol
que se desprende desde las entrañas del mar

corre
corre un viento por los surcos de la piel – viento
de polvo herrumbroso abriendo heridas en los animales vivos
pegados a la memoria donde
una serpiente sumergida en la sangre
comienza a brillar

sopla el viento sobre el pecho del marino
despierta la fluorescencia pálida del plancton – barre
la noche y lava las manos de los condenados a muerte

corre un viento
viento de fiebre temblor de orquídeas que se calma
cuando enciendes la luz y abres las alas
vibras y
alzas el vuelo

[Versión de Ernesto Suárez]