Los cuadernos de La Calle de la Costa: Las llanuras del desierto, de Coriolano González
Las llanuras del Desierto (La Calle de la Costa, 1991) fue para nosotros un libro
importante, no sólo porque dábamos a la luz pública el sugerente poemario de Coriolano González Montañez, sino porque su publicación conllevó varios saltos hacia una mayor “profesionalidad” en el trabajo editorial que, hasta ese momento se caracterizaba por un voluntarismo un tanto enloquecido, que trataba de hacer de la falta de recursos virtud.
El protagonista de Las llanuras del desierto es un paisaje hecho de sequedad y de vestigios, familia del que podía vislumbrar el oficial Giovanni Drogo desde las murallas de su cuartel fronterizo y que aqui se convierte en una ciudad que fue una isla que fue pero que ya es sólo polvo. Algo se mueve en esas llanuras. Dirías que el viento, pero tal vez sea algo más. Los poemas son cruzados por susurros que parecen venir del arenal, y por silencios como pozos de los que nadie puede ser rescatado.

Coriolano González Montañez nace en 1965 en Santa Cruz de Tenerife.En 1984 gana el premio de poesía “Félix Francisco Casanova” con la obra Dublín, entre el mar y la sangre (Ed. Pilar Rey, Santa Cruz de La Palma, 1984). En mayo de ese mismo año, y con motivo de los “Martes de poesía de Delfos”, también ve la luz su plaquette Aquí en mi puño. En 1987 gana el premio de poesía “Ciudad de La Laguna” con la obra Este último milenio de sombras tras tu recuerdo (Ayuntamiento de La Laguna, 1994). En 1991 publica la obra Las llanuras del desierto (La Calle de la Costa, Santa Cruz de Tenerife). En 1993 gana el “I Premio El Escribidor de Poesía” con la obra Conjura del silencio (Ed. El Escribidor, Santa Cruz de Tenerife, 1994).
En 2001 publica Cuaderno irlandés (Ed. Baile del Sol), que forma parte del conjunto Cuaderno de viajes.
En 2002 publica su antología El viaje (Poemas 1984-2000) (Colección Más que el mar. Ed. Baile del Sol, Santa Cruz de Tenerife), en 2005 publica Las montañas del frío (Ed. Baile del Sol).
Figura en la antología preparada por Antonio García Ysábal La nueva poesía canaria (Editorial Verbum. Madrid, 2001). También en la antología Los transeúntes de los ecos (Antología de poesía contemporánea en Canarias) (Editorial Arte y Literatura. La Habana, 2001). Y en Poetas de corazón japonés, Antología de autores de El rincón del haiku. Editorial Celya. 2005.
Como crítico realiza el estudio y recopilación de la obra poética de Eugenio Millet Rodríguez, Pasto lascivo y otros poemas. Obra poética incompleta 1979/1990, publicada en 2002. (Colección Más que el mar. Ed. Baile del Sol, Santa Cruz de Tenerife). Con esta editorial coordina y dirige la colección antológica Más que el mar .
Entre 1998 y 2000 desempeña el cargo de Secretario de la Sección de Literatura del Ateneo de La Laguna y el de Presidente de dicha sección en el período 2000-2002; actualmente es el responsable de la sección “El vuelo de Icaro, dedicada a la poesía dentro del suplemento cultural del períodico La Opinión de Tenerife, 2C, y es miembro del equipo docente de la Escuela Canaria de Creación literaria.
Dos poemas de Las llanuras del desierto
Sólo la muerte custodia los caminos
que llevan a la ciudad tras las murallas.
.
Las sombras de los vivos
penetran los hilos del destino tras los silencios
y una procesión de vírgenes desfiguradas
levanta el polvo de las últimas noches.
.
Sólo una lágrima cae tras otra lágrima
y el homenaje de las tormentas
queda olvidado en el dolor de tantas sangres
en el amor de tantos cuerpos mutilados.
Y cuando se engendra la hora de las hechiceras
las cuchillas del aire del recuerdo
desgarran los ojos y las lenguas
de los moribundos del final
de todos los siglos.
La muerte llega a las llanuras en forma de nube
sin guadaña ni túnica negra
que impida el sacrificio de la última virgen
de la ciudad tras las murallas.
Pero el destino se muestra implacable
y la muerte ahoga las arenas
bajo la maldición de mil días y mil noches
de lluvia sin piedad.
Nada ha de quedar después del manto
traidor de los horizontes.
Nadie habrá de vagar por los senderos
húmedos de la soledad
.
No hay resurrección en el desierto
