Una entrevista asamblearia con La Palabra Itinerante

La Palabra Itinerante es un colectivo de agitación poética que se extiende como una enredadera desde Andalucía La Baja. Es un colectivo, lo cual en términos de poesía parece tener de partida un sesgo herético en un negocio tan condicionado por el ego, con un núcleo  que nada tiene de duro, sino abierto y acogedor, que anda de gira actualmente con su acción escénico-poética “Todo se entiende sólo a medias,  que integra poesía, música en directo, videoarte…Hace ya algunos años tuvimos el placer de conocer y trabar hermandad con los poetas de La Palabra Itinerante. Ahora, gracias a esta recientita Casa Transparente, tenemos la oportunidad de conversar con ellos, en este nuevo  Otoño del Descontento. Esta es una entrevista preguntada a seis manos y contestada por otro buen puñado, casi una entrevista asamblearia, pues.

Ustedes han descrito su vocación de poetas en resistencia en diferentes manifiestos, “Usted puede ser un poeta en resistencia o “Una aproximación a la poesía en resistencia… pero creemos que falta una descripción o una definición o algo que explique qué es “La Palabra Itinerante” como grupo, red, equipo, colectivo, lo que sea… Cuéntennos, y cuéntennos  algo de su itinerario: su punto de partida y su recorrido hasta el momento:

La Palabra Itinerante es un colectivo de agitación y expresión, una plataforma de acción artística y literaria, una comunidad. Somos un grupo de personas que se tienen entre sí respeto y admiración, y participan de relaciones de encuentro y amistad, y por eso piensan y trabajan juntos en la construcción de cosas (textos, propuestas de acción, acciones y otras aventuras éticas y estéticas).

Nuestro estar-en-el-mundo común participa de similar contexto, y ese contexto, esas similares circunstancias históricas desde similares percepciones y comprensiones, el planteamiento de las mismas preguntas, provoca sinergias interesantes para el vivir y sus haceres, de los que forma parte sustancial el hecho poético en sus variadas formas.

La Palabra Itinerante, amalgama de las inquietudes y haceres de sus componentes, libremente organizados para cada diversa coyuntura, se ha ido creando y ampliando como una red sin planificación ni estructura estricta, casi sin querer, desde Andalucía La Baja en principio, en un proceso que lleva quince años y en un camino, profuso en acciones y peripecias, con suma continua de gentes diversas y lleno de aprendizajes y compañías. ¿Cómo nos hemos ido juntando? Pues por cosas de la vida. Ganas de compartir, preocupaciones e intereses comunes, proyectos concretos… y siempre la amistad al fondo. Somos lo que vivimos. Vivimos lo que somos. Y todo eso está lleno de decisiones, de azares, de mil factores.

Las personas reunidas en La Palabra Itinerante se dedican, de forma fundamental lapalabraitinerantepara ellas, a la escritura. Todas ellas escriben poesía, además algunas escriben novela, relato, ensayo, teatro, cine, canciones… Algunas de las experiencias de acción del colectivo, y materias en las que trabajamos: el diálogo y entrecruzamiento de las diversas propuestas estéticas individuales; la escritura colectiva; la búsqueda de prácticas para conseguir el desarrollo máximo de las potencialidades de los textos escritos a través de la palabra oral y sus relaciones con la imagen, la música, la escena…; un laboratorio permanente de investigación en contenidos, recursos, metodologías y propuestas en la pedagogía de la escritura creativa; la creación de situaciones que propicien encuentros reveladores; la edición; la práctica de disciplinas artísticas diversas como el cómic, la intervención urbana, las instalaciones… y la acción social (y quizá esto pueda ser también el resumen de todo lo dicho antes) a partir de/a través de la literatura.

Desde luego no existe una organización jerárquica ni para la producción ni para la ordenación de ningún aparato ideológico ni para la autoorganización del colectivo. Como grupo difuso, amorfo y cambiante, en continuo proceso de esquivamiento de los mecanismos de atrapamiento de la Realidad, nos sentimos mucho más cerca de la red que de la pirámide, y del rizoma que del equipo, y desconfiamos de las vehemencias en los aprioris y los dogmas. En torno a la hoguera comunal, las emociones y las corrientes vitales nos unen mucho más que la industria cultural y sus alharacas.

De lo que se trata por el momento es de construir grupos que intenten vivir y pensar fuera del poder, y procuren destruir la idea de poder en el vecino. (…) Es preciso, pues, ensayar sustraerse lo más posible a todos los poderes sociales, es preciso poner en cuestión las formas de acción del poder que podemos descubrir en nosotros mismos. Esto es fácil: es necesario trabajar, lo más posible, con los otros. (…) Sería necesario construir comunidades donde se pudiera, hasta donde sea posible, vivir libremente (…), crear posibilidades para las personas de vivir libres con otras personas porque no se puede vivir libre solo (Jean Paul Sartre).

La existencia de una construcción teórica colectiva, ¿Cómo se integra en las voces individuales de cada poeta? Una vez definido (pizco arriba, pizco abajo) el colectivo, ¿Cómo se describirían en cuanto a poetas, por separado: influencias, criterios, aspiraciones…? ¿Cómo gestionan ese punto de intimidad honda, que la poesía suele requerir, con la dinámica colectiva?

En primer lugar, cabría cuestionarnos qué es lo individual. Todos somos una construcción colectiva, estar escribiendo a solas no es estar fuera del mundo. Somos hijos y a la par co-creadores de nuestras lecturas, experiencias, viajes, de cómo habitamos nuestro tiempo y de con quiénes nos juntamos, de nuestras preferencias éticas y estéticas, de nuestras decisiones vitales… A la gente que sintonizamos esta emisora común nos influye mucho lo que compartimos, como es lógico. Compartimos muchas experiencias, lecturas, viajes… tiempo vivo en común.

Primero fue la escritura de cada cual, luego, a medida que nos fuimos conociendo y compartiendo, las reflexiones teóricas colectivas. La vida nos invitó a pensar juntos a medida que nos invitaba a hacer juntos.

Otra cuestión importante para nosotros es que cada poema es una aventura compartible, nos gusta sumar miradas múltiples sobre cada poema, abrir el texto… Si así  se desea, se puede ensanchar la obra a partir de la experiencia colectiva.

El lenguaje como producto originario y exclusivo de un individuo es una imposibilidad y un sinsentido. El lenguaje en sí es producto de una comunidad, no pertenece a nadie concreto y sólo se hace puntual y temporalmente propio en la convivencia constante y en la lengua compartida. El lenguaje, pues, como una casa de nadie que cada cual habita y vive a su manera, no como una casa propia en propiedad.

De alguna manera, una de nuestras principales preocupaciones es la puesta en cuestión del “yo”, entendiendo el “yo” como todo lo contrario al amor.

Para la gente que suma sus energías en el colectivo, que individualmente lleva su propia  trayectoria y desarrolla su obra literaria y artística y su deriva, el trabajo en común ofrece un campo amplísimo y fértil de experimentación y acción.

El colectivo, en definitiva, supone un entorno estable y gozoso tanto en lo poético como en lo personal, a la vez que un magma creativo de enorme importancia para cada cual.

Sobre nuestra obra individual, quienes debieran hablar son los lectores de la misma, aquellas personas que la co-construyen y terminan, las que le otorgan sentido último.

El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio (Italo Calvino).

Son ustedes un ejemplo magnífico de facetas del trabajo literario que habitualmente no se presentan simultáneamente en un autor: por un lado lo singular, el autor frente a su obra silenciosa sobre el papel, por otro lado la presencia de la obra en manos del lector (seguramente también silencioso) en un libro o en una página de Internet, al que el autor tiene acceso muy residual, y finalmente la presencia física (¿fisiológica?) del autor leyendo, representando, cantando o manteniendo su obra ante los ojos de otros (lector, espectador, oyente, casual, etc.) ¿Pueden describir estas situaciones en relación unas con otras? ¿Cómo interfieren unas con otras? ¿Hay prevalencia? ¿Se planifican?

Cada cual ha sido (y es) primero escritor, y se ha preocupado por la difusión de su obra a través de lecturas, recitales, conciertos, exposiciones y acciones poéticas tanto individuales como colectivas. Ha sido la indagación en nuevas formas de comunicación, la pasión en el querer decir, en pos de la eficiencia y la intensidad, la que ha ido guiándonos por los caminos de la interdisciplinariedad y de una creciente diversidad creativa.

Para nosotros ha sido siempre central el acercar, el compartir, el enfrentar, nuestros textos con los contextos sociales… La verdad de esos actos comunicativos, su fulgor inagotable, es el carboncito que tira del tren.

Si te importa el otro en la acción textual y vivencial, te importa que lo compartido lo sea del modo más fértil. La comunicación oral es más interesante si te preocupa que lo sea. La obra escrita, creemos, se beneficia del aprendizaje en el encuentro directo con el público.

Por otro lado hay que decir que ciertos textos tienen una textura más inmediata, son más útiles para la comunicación oral directa, en vivo, con la gente, y que hay otros textos de nuestra obra que trabajan sobre una forma de comunicación distinta… No siempre se escribe con la misma intención, nuestro trabajo es amplio, se reparte en muchos frentes… Creemos que es plural y no fácil de resumir o reducir.

Sabemos que ustedes realizan una labor de aproximación de la poesía a espacios donde ésta no suele llegar (al menos la poesía de “los poetas”), que montan talleres en barrios, en pueblos… ¿Se sienten de algún modo herederos de aquellas misiones pedagógico-culturales de los tiempos de la República?

Es un honor la pregunta, y como todo honor, da un poco de repelús y de pereza. Nos tememos que sólo podemos decir, abrumados, abrumadas, muchas gracias.

Los talleres, las charlas, las diferentes dinámicas que hemos, efectivamente, acercado igual a universidades o festivales artísticos internacionales que a barrios marginales o cárceles, son una posibilidad excelente de crear actos comunicativos vivos, vivificantes… Los talleres abren un espacio para el encuentro, para la libertad expresiva, para la reflexión común, para la asamblea y los vínculos, suponen una oportunidad para dar cauce, para hacer fluir, textos significativos, reveladores, y ponerlos en relación con nuestra vida cotidiana y nuestras potencialidades de acción social. Señalar la herida, mostrar el conflicto, no callar, es resistirse a la dominación.

Estas actividades nos dan muchas alegrías, son una fuente inagotable de aprendizaje… Es un privilegio para las personas del colectivo estar enredadas en estas formas de hacer, en estas prácticas imbricadas en lógicas de descubrimiento, de interacción, de horizontalidad, de toma de palabra, focalizadas en lo que de compañía decisiva tiene la literatura.

La revelación, si existe, cuando existe, surge sólo en la mediación, en el acto poético, en la disolución de los pronombres, en cada una de esas inalienables experiencias que nos hacen fundirnos, confundirnos con otros seres humanos.

¿Qué relaciones concretas ven entre su poética (escritura) y su acción cultural (activismo)? ¿Qué alimenta qué?

En este estado del mundo, en esta situación, con el Estado-Capital y sus lógicas pretendiendo ser el Gran Dictador que propone una única Realidad legítima, las coincidencias en nuestras disconformidades son evidentes: no queremos este mundo feo, ruidoso, violento, injusto, de esclavitudes y soledades, que nos proponen el Espectáculo y su Dominación. Queremos vivir, vivir de veras y compartirlo, y eso tratamos de hacer. Resistir. Decir que no. Hacer no.

Nuestra primera tarea como escritores es escribir lo mejor que se pueda. Esa es nuestra responsabilidad primera: hacer bien, lo mejor posible, nuestro trabajo. Ninguna justificación moral, de buenas intenciones, u otro apriori cualquiera es suficiente de por sí. Para nosotras/os es importantísimo, esencial, construir con las artesanías, las sabidurías, del oficio, mantener despierto el aprendizaje, apostar a la belleza (e ir inventando con otras personas otras bellezas a la par que otros mundos) y a la justicia, tratar de tejer textos que revelen, que sean tan interesantes como útiles para la vida.

Nuestra apuesta, en el campo literario, es, como decíamos, escribir bien, y hacerlo siendo conscientes de la responsabilidad de quienes construyen discursos estéticos, así como del mundo en que vivimos. En cada cual cuece, diría Agustín García Calvo, la Guerra contra la Realidad, y el colectivo ayuda en esos procesos, y genera nuevos procesos compartidos que aportan cruciales aprendizajes. Colectiva e individualmente, y asumiendo nuestras precariedades, tratamos de vivir de otra manera para merecernos escribir de otra manera, para alcanzar un decir acertado, que es un generoso hacer. Por eso investigamos en las mejores formas para decir aquello que merece la pena ser dicho, para construir un decir que enfrente a la Realidad desde el asombro para desvelar sus mentiras.

La injusticia y el horror, esos vasos comunicantes, se ocultan con frecuencia. Se camuflan en la afable y sedante rutina. Es responsabilidad humana nombrarlos, impugnarlos, contrapesarlos: resistir.

La escritura puede ser una herramienta valiosa en esa resistencia, aunque ese afán no tenga por qué ser su única vocación.

Ante el injusto y cruel marco que la Realidad plantea, es tarea principal de cada cual intentar no desfallecer, no bajar los brazos ni cerrar los ojos, evitar abrirle la puerta al desánimo, al cinismo o al pesimismo y su inacción. Y para ello consideramos conveniente no olvidar los momentos de vida reveladores –esas palabras decisivas, ese tiempo a salvo de la esclavitud y la falsificación–, no olvidar ni traicionar su sagrada memoria (Sólo una melodía vieja, / algo con niños de oro, con alas de piel verde, / caliente, sabio como el mar, / que tirita desde mi sangre, / que renueva mi cansancio de otras edades, nos decía Alejandra Pizarnik); y también: no hablar el lenguaje del poder, no dejarnos morir. Tener sed de vida.

Por supuesto, si escribimos contra la Realidad, también escribimos contra nosotros mismos en tanto que parte de esa Realidad (No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada / estoy en paz con los hombres / y en guerra con mis entrañas, como nos mostraba Antonio Machado).

Por último: hay acción en el texto, y nos importa, y es acción social. Los textos pueden mover, hacer (obviamente dentro de sus limitaciones). Nos interesa mucho la vida como texto.

En una conversación que tuvo un itinerante con un transparente este verano en Sevilla, surgió varias veces la palabra trascendencia, entendida como voluntad implícita/explícita de “ir más allá”. ¿Cuál creen que es y/o será su papel como colectivo en la historia de la poesía en castellano? No importa si grande o modesto, ¿qué creen que están aportando?

La trascendencia, concepto que aplicaríamos a muchos textos que amamos, residiría en una escritura consistente –que pesa, que dura–, lúcida y propicia al alumbramiento, tendente al otro, de una limpia autenticidad, preocupada por la belleza, es decir: por la precisión en el decir, por el respeto al lenguaje y a la relación de este con lo nombrado.

Nuestro papel en la Historia es algo que no tenemos tiempo de pensar, con la de cosas que hay que hacer y la que está cayendo.

Miguel Hernández, cuyo centenario atronará en el año que comienza, lo decía la mar de bien: “Lo que haya de venir, aquí lo espero / cultivando el romero y la pobreza”.

Tras haber leído poemarios individuales de al menos cuatro itinerantes, tengo la sensación de que, siendo voces muy distintas, hay una cierta manera común de afrontar los temas de vuestra poesía, algo como volver íntimo lo social y lo social íntimo, una fuerte exigencia formal que les aleje de territorios choteados y una voluntad de lirismo o un hambre de lirismo casi como una fe. Les pongo aquí una cita de Bruce Sterling y nos cuentan: Creo en unas pocas cosas simples. Creo que si coges un objeto y haces que cobre vida por medio de la luz y llevas esa percepción de vida a una representación virtual, has conseguido lo que llaman “lirismo”. Algunas personas tienen una necesidad de religión. Yo tengo una necesidad irracional de lirismo: No puedo evitarlo y no estoy interesado en discutirlo. Así que no molesto a los fieles si ellos no me molestan a mí.

La poesía es un foco de intensidad vital y verbal, una presencia necesaria, un acto de celebración de la palabra viva, la que escapa a la erosión del lenguaje, la que huye del tráfico y el mercadeo con el mismo. Permite acceder a las palabras de la comunidad que se postulan como útiles para la vida por su capacidad de llevarnos hondo, de decirnos mejor.

La poesía, ya lo dijo la poeta afroamericana Audre Lorde, no es un lujo. Ya que si no hubiera poesía un día cualquiera en el mundo, se inventaría ese día —Muriel Rukeyser dixit—, porque el hambre sería intolerable. Confiesa Mark Strand: La tinta se resbala de las comisuras de mi boca. / No hay felicidad como la mía./ He estado comiendo poesía.

Cada uno, cada una, en el colectivo escribe lo que le sale, lo que quiere, lo que puede, lo que sabe… Sí que parece, analizando luego los diversos libros, cedés y otros formatos que nos publican, las obras escénicas, los talleres de creación literaria que producimos… que hay un aire común respirado y un aire de familia en las hechuras. Lógico, ¿no? No es que quisieran los diferentes autores escribir de lo mismo, es que es inevitable escribir en este mundo, y dar cuenta de él, y contar desde aquí, cómo se vive y se malvive en él. Así nuestras historias de amor y desamor, nuestras aproximaciones al lenguaje, nuestras preocupaciones sobre el Espectáculo y sus falsificaciones, nuestras perspectivas sobre comunicación e incomunicación, sobre el horror y sobre el milagro, por poner algunos ejemplos, se parecen, ¿cómo no?

¿Qué es Todo se entiende sólo a medias? ¿La veremos por las islas algún día?

Todo se entiende sólo a medias es una aventura creativa más dentro de la línea de investigación artística del colectivo de agitación y expresión La Palabra Itinerante.

Todo se entiende sólo a medias es una obra escénica poética. Incluye poesía, música cartel_tsesam_chiclanaen directo, videoarte… Habla del misterio de la comunicación, el milagro de la comunicación, el infierno de la comunicación, de la aventura del decir, del prodigioso misterio de la palabra poética, de su alcance, su hondura, sus limitaciones. En Todo se entiende sólo a medias diversos materiales dialogan, se relacionan e hilvanan en un discurso compacto, tan contradictorio como coherente.

Todo se entiende sólo a medias es el fruto del trabajo conjunto de cuatro artistas con una veterana trayectoria en el ámbito de la poesía escénica, la poesía en acción, la polipoesía, la poesía en resistencia, el spoken word, o como queramos llamar al juego este de enredar la palabra viva de viva voz, palabra en el tiempo, con la escena, sus ritmos, sus posibilidades de decir, valiéndose para ello de exploraciones e indagaciones estéticas y de entrecruzamientos entre las artes con la intención comunicativa de un decir que aquí se sueña hondo, afinado y afilado, como si se quisiera, de algún modo, no dejar el mundo igual que estaba.

Hay una página web donde se pueden encontrar más detalles: www.soloamedias.net

Estrenamos en el festival Versátil.es en Valladolid y después hemos estado, hasta ahora, en el festival Poesía en Resistencia en Granada, en el encuentro de poesía joven La Ciudad en Llamas en Oviedo, y en la programación de otoño del Teatro Moderno de Chiclana, Cádiz. Estaremos el 8 de abril de 2010 en Córdoba, en el festival Cosmopoética. Está siendo para nosotros un proceso emocionante, nos gratifica la acogida hospitalaria, afectuosísima, que está recibiendo.

A Canarias no nos faltan ganas de volver. Hemos estado distintas gentes del colectivo en diversas ocasiones para compartir nuestras actividades: con el Circo de la Palabra Itinerante, nuestra anterior propuesta escénica, y también con los talleres de creación literaria. Estuvimos además en el inolvidable III Congreso de Poesía Canaria, La Laguna en Poesía, en el que pudimos acercarnos al riquísimo panorama cultural de las islas, toda una literatura nacional, y conocimos el trabajo de gentes tan interesantes, por decir sólo contemporáneos, como Antidio Cabal, Daniel Barreto, Juan Jiménez, Arturo Maccanti, Coriolano González, Elica Ramos, Félix Hormiga, José Carlos Cataño, Carlos Bruno, Ernesto Suárez, Daniel Bellón…, las iniciativas editoriales de Baile del Sol o la colección Atlántica de ediciones Idea… Disfrutamos mucho en esas islas, sin duda –por tantas cosas– afortunadas.

Además de todo lo dicho, de un tiempo a esta parte se han constituido en editores. Eso me imagino que les completará  la perspectiva sobre el, llamémoslo, “mundo editorial de la poesía”, ya que tienen la perspectiva de autor y la de editor. ¿Cómo ven el momento actual de la edición de poesía en España?

Habría que hacer algunas precisiones. Libros de la Herida no es una aventura editorial de La Palabra Itinerante como tal al completo, sino que es una incursión en la edición de tres personas del colectivo que se asociaron para esa deliciosa insensatez. Por otro lado, no se trata de un proyecto crematístico (esto resulta casi obvio cuando se habla de poesía), queremos decir, es una iniciativa que recela de las lógicas del mercado. A la par es consciente tanto de sus limitaciones como de sus virtudes.

Y, hablando desde la gente concreta que propiciamos Libros de la Herida, decir que: editamos un libro cada año más o menos, de manera rigurosamente independiente (ergo sustentada en los bolsillos precarios de los ínclitos), y cuidamos, al máximo de nuestras posibilidades, la edición. Apostamos por libros de poesía de los que nos enamoramos poderosamente, irremediablemente. Amour fou, que dicen los franceses.  Y allá vamos, como locos. Orgullosos de las criaturas que hemos podido compartir hasta la fecha, encantados de la recepción que han tenido entre los lectores y de los procesos de comunicación que han propiciado en su encuentro con públicos diversos. Para seguir los pasos y las huellas de Libros de la Herida: www.librosdelaherida.blogspot.com
¿El panorama poético editorial? Diverso, no fácilmente resumible, y en el que hay, como en todo, lo mejor (editoriales que trabajan por amor al lenguaje y la poesía, fundamentalmente) y lo peor.

Saben que la red es una obsesión de este lado de la mesa. ¿Cómo se relaciona LPI con la Red?

Conflictivamente. Al menos de manera no fácil. Hay una desconfianza primera y común hacia la experiencia visual, mediada, virtual, frente a la experiencia integral, de contacto directo, personal. Una vez afrontado eso, también una desconfianza hacia lo que la Red tiene de escaparate, de ilusionismo de la acción y de mecanismo para el narcisismo, la venta, la propaganda. Estos sustantivos no se llevan muy bien con la poesía.

Los debates sobre esta cuestión son siempre fértiles y están abiertos en el seno del colectivo. Una página web no deja de ser un lugar donde contar lo de uno, pero lo de uno es siempre irreductible, complejo y en transformación, inacabable. Hay maneras de superar ese conflicto en la Red, pero hace falta, creemos, tiempo, energías, que en la mayor parte de los casos preferimos centrar en la acción cotidiana, directa, cara a cara.

Por otro lado: varios compañeros tienen blog, alguna compañera tiene web, el Todo se entiende sólo a medias tiene web, seguimos en la Red blogs y webs que consideramos parte de nuestro día a día; por supuesto el correo electrónico supuso una aportación mayúscula en la vida de todos nosotros… No estamos hasta hoy en red social virtual alguna como tal colectivo.

Después de todo lo dicho: estamos abiertos a la experimentación con las posibilidades que la Red permite.

Cuando uno trata con poetas de LPI no puede evitar sentir que está siendo envuelto por una ola de sano entusiasmo, que esto de la poesía merece la pena. ¿Es “exportable” vuestra manera de trabajar? ¿Saben de otros colectivos de poetas más jóvenes que ustedes transitando o explorando los mismos recorridos? ¿Están creando escuela?

Sí, es exportable nuestra manera de trabajar. Lo que no quiere decir que toda gente que trabaje de forma análoga, o de manera relacionable con la nuestra, lo haga con las mismas intenciones o desde las mismas lógicas.

Nos gusta estar al tanto de lo que se hace. Nos encanta aprender. Siempre es una gratísima sorpresa y una alegría encontrar afines. Haberlos haylos.

No está entre nuestros objetivos crear escuela. Si esto sucede es desde luego sin pretenderlo, como consecuencia de que compartimos camino, y se coincide, con no pocas personas.  Se vive, se deriva, y no se sabe.  Se intenta hacer bien. Se hace lo que se puede.

¿Dónde, cómo, se ven dentro de diez años? ¿Estaremos nosotros para verlo? Esta última cuestión es importante ;-)

¿Dentro de diez años? Ni siquiera sabemos muy bien dónde estamos ahora mismo…